lunes, 27 de septiembre de 2010

Nuestra ya larga “soledad cósmica”




PANSPERMIA, hipótesis que afirma la llegada de la vida a la Tierra desde el espacio extraterrestre.

De ser cierta esta idea, habría que demostrar que en el cosmos existe vida con cierto grado de desarrollo, de acuerdo con el abolengo propio de nuestros ilustres antecesores.

Pero lo cierto es que no se han observado rastros de vida ni siquiera al nivel más primitivo.

Pero no todas las noticias son malas. Hace ya varios años que se ha detectado en las acumulaciones de gas y polvo que llenan los espacios entre estrellas y galaxias, así como en cometas y meteoritos de paso, casi setenta tipos de moléculas orgánicas simples, algunas que pueden realizar el papel de componentes de los aminoácidos, y otros como el cianoacetileno, depositarios de una actividad química tal que son capaces de formar todas las sustancias necesarias para la vida. En la composición de dichas moléculas entran de uno a trece átomos.

El hecho interesante es que las estrellas como nuestro sol, se forman precisamente por la acumulación gravitacional del gas y el polvo interestelar. Si en su estadio de formación los planetas también se comienzan a formar cerca de ellas (como nuestra Tierra cerca del sol) ellos podrían atrapar en su atmósfera u océanos parte de esas nubes.

Una vez en el interior de los planetas las moléculas biogénicas mencionadas evolucionarían químicamente hasta formar materia viva. Las que sean captadas por el sol, se desintegrarían debido a las altas temperaturas.

En una etapa inicial, la Tierra también fue bombardeada por los escombros sobrantes de su proceso de formación, además de cometas, asteroides y polvo cargados también de esas sustancias biogénicas.

Estos procesos, al parecer, pueden haber sido posibles. Pero téngase en cuenta lo siguiente: el origen de la vida como tal se localizaría siempre en el interior del planeta (o la Tierra como en nuestro caso).

Otros planetas, con condiciones parecidas al nuestro, podrían haber sufrido procesos similares. Como ellos, según Frei Betto están en el orden de diez mil millones, entonces la estadística nos ayuda a no sentirnos tan solos.

Pero todo parece indicar que la vida no pudo llegar, ya formada, desde el espacio cósmico. Se sabe que el espacio interestelar no es propio para la vida debido a su temperatura tan baja (cercana al cero absoluto), su alto estado de vacío y la mortífera radiación ultravioleta que lo llena. Ningún viaje natural de seres vivos, por muy elementales que sean, llegará con éxito a su destino.

Pero los terrestres somos seres amigables, solidarios y extrovertidos. Al menos nos queda la esperanza de los OVNI. Un panelista del programa “Pasaje a lo desconocido” se ha convertido en antipático para muchos porque no acepta avistamientos sin su debida comprobación científica. No nos acostumbramos a nuestra “soledad cósmica”.
El propio Frei Betto confiesa haber avistado platillos voladores en dos ocasiones.

De ser cierta sólo una de las posibilidades, entonces ¡de verdad no estamos solos!. Es posible que en este caso la estadística de tantos miles de avistamientos también nos ayude.

Descargar Documento : http://oron.com/dgtzedgymxtk/Nuestra_ya_larga_“soledad_cósmica”.doc.html

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