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lunes, 16 de abril de 2012

Ladrones de Energía

¿Se siente en ciertas épocas más “bajo” de energía que habitualmente? ¿Conoce quizás a alguien de quien tiene la sensación de que le está sustrayendo energía cuando se encuentra a su lado? ¿Existen realmente personas con la capacidad de absorber la energía vital de sus semejantes? En muchas ocasiones no es necesario buscar enemigos en el exterior: los verdaderos problemas comienzan siempre en su propio interior, con una actitud errónea ante el mundo.

El término “vampiro” es lo suficientemente sugestivo como para poder hablar de forma muy extensa de las connotaciones que tal expresión hace llegar a nuestra mente. Sin embargo, no nos referimos ahora al conocido personaje, ya arquetípico, sediento de la sangre y del alma de sus víctimas.

De forma genérica, puede aplicarse este término a la persona con la supuesta capacidad de sustraer la fuerza vital del campo energético de sus semejantes ¿Existen entre nosotros seres que tengan esta capacidad? ¿Puede tal cosa llegar a ser posible? Veamos lo que la moderna investigación sobre el estudio de supuestos fenómenos extraños nos ha permitido averiguar sobre este tema.





Lo primero que deberíamos saber es que nuestra actitud inconsciente ante un determinado problema hará que éste se acreciente y amplifique, o bien que se modere y disminuya. La tensión emotiva generada por el individuo que toma decisiones erróneas para su estabilidad, genera una espiral depresiva que provoca su propio malestar. El torbellino de ansiedad y desgaste psíquico deriva en una aparente disminución de su energía interior. Esta máxima elemental era conocida por muchas órdenes esotéricas, que aplicaron estas nociones ¿De qué forma?

La “Hermandad Negra”

Tomemos, como ejemplo, el significado preciso de unas palabras de Bram Stoker, creador del famoso “Drácula” y miembro de la orden ocultista Golden Dawn: “Un vampiro jamás puede acceder a su hogar, a menos que usted le preste su consentimiento y le invite previamente a entrar”.

Esa argumentación, traducida a un lenguaje cotidiano, propone que nada ni nadie tiene el poder de hacernos ningún daño psíquico, a menos que nosotros se lo permitamos. Tenemos el libre albedrío de escoger nuestras propias decisiones y actitudes. De modo que podemos abrir la puerta de nuestra mente a los supuestos problemas del exterior o cerrarla para que sea un reducto impenetrable a la hostilidad. La realidad objetiva es que nosotros somos el resultado final de lo que pensamos.

Si alguna “amistad” malintencionada nos percibe como seres débiles y vulnerables mentalmente, y entonces decide sugestionarnos con impresiones negativas que minen nuestra seguridad, esa fuerza exterior sólo cobrará poder en nuestras vidas si damos permiso para que su acceso de negatividad entre en nuestra mente. A un comentario “aparentemente” inofensivo, porque se expresa con un lenguaje suave y tenue, pero que intuimos cargado de intensiones desmoralizadoras por parte del agresor psíquico, hay que responder siempre con la indiferencia emocional. Pero la clave para lograr la verdadera invulnerabilidad es sentir en nuestro interior esa apatía frente a la información que nos llega del exterior.

¿En qué ocasiones damos autorización a los vampiros para actuar? Veámoslo con un ejemplo trivial. ¿Nunca nos ha dicho nadie, un día en el que nos encontrábamos bien emotivamente: “Hoy tienes mala cara, tu aspecto no es el de siempre, parece que tienes algún problema o que algo te preocupa, ¿te encuentras bien?”. Y nuestra respuesta ha sido la inseguridad respecto a nuestro estado real, que en realidad era bueno, y hemos ido a toda prisa a mirarnos al espejo. El supuesto vampiro psíquico puede apuntarse un rotundo éxito: ha sembrado la desorientación y, en pocos segundos, hemos comenzado a sentirnos mal.

El hecho cierto, en este caso, es que alguien ha logrado que la sombra de la duda y la desconfianza hacia nosotros mismos germine en nuestro fuero íntimo. Apliquemos esta situación a temas mucho más trascendentales, que pueden estar relacionados con el trabajo, la economía o el amor. La mínima fisura emocional permitirá que el ataque del vampiro consiga su objetivo. Nosotros mismos estaremos haciendo todo el trabajo de desgaste y autodestrucción personal, sin que nadie haya tenido que recurrir a ningún complejo ritual de magia negra para abatirnos y perjudicarnos. Nuestra actitud frente a las cosas, nuestros miedos e inseguridades interiores, han sido nuestro pero enemigo.

Los magos de la Golden Dawn, como Bram Stoker, sabían todo esto, y al recurrir muchos de ellos sutilmente a técnicas psicológicas y mentales muy concretas, generaban efectos mucho más demoledores psíquicamente sobre la víctima que con los ritos de magia operativa dirigidas contra ese mismo sujeto. Ahora bien, ¿cómo funciona este proceso en nuestra vida cotidiana?

¿Tenemos la costumbre de recrearnos en la observación morbosa de nuestra caja de Pandora psíquica con demasiada frecuencia? Sabemos, por experiencia y vivencias adquiridas, que una determinada actitud no nos beneficia; sin embargo, a pesar de ello la potenciamos y amplificamos de forma derrotista, dando por sentado que “las cosas no pueden ser de otra forma”. Por tanto, en estas circunstancias nuestra actitud personal continúa siendo errónea. Cuando nos identificamos con el sufrimiento de una situación que nos resulta desagradable, estamos generando una pérdida de energía que en ningún momento nos está beneficiando. Eso puede provocarnos un desgaste brutal; luego, es evidente que si queremos soluciones prácticas para sentirnos mejor, una reacción emotiva inversa nos permitiría un movimiento que, en este caso, sería de activación y carga.





Esta es la clave. Todo depende del planteamiento psicosomático del proceso mental con que nos programamos. A muchos nos ha sucedido en alguna ocasión que, en un momento crucial de acumulación y saturación de problemas, hemos sufrido las consecuencias de un “bloqueo emocional”; esa tensión puede haber sido creada por causas de índole familiar, laboral o quizás de salud. Pero el conflicto real no nace del problema en sí, sino de nuestra reacción ante el mismo. En lugar de buscar respuestas constructivas a nuestros “porqués” personales, nos hemos ido llenando de impresiones negativas que merman cada vez más nuestro estado de anímico. Y lo que realmente hace esa pasividad es alejarnos de una utilización adecuada de nuestra energía personal.

¿Cómo podemos incrementar dicha energía? ¿Qué fuentes de alimentación tenemos disponibles para ello? La respuesta es simple: mediante la absorción de impresiones positivas. Este sería el mecanismo principal con que funcionaría la llamada magia blanca. El practicante de las técnicas que mencionamos trabaja su mente mediante el uso controlado de su voluntad y la imaginación, lo que le hace invulnerable a lo que comúnmente se denomina magia negra, que no es más que una mala programación de los procesos cotidianos. Basados en esta sencilla máxima del vivir cotidiano, autores muy alejados del mundo de la magia han vendido millones de libros sobre crecimiento y superación personal, recordando a sus lectores que la prisión de nuestras emociones es la que nosotros mismos construimos involuntariamente; es decir, los únicos vampiros que pueden atacarnos son aquellos a quienes otorgamos ese poder.

El vampiro interior

Cuando la mente se modifica, el cuerpo cambia. Las emociones generan un tipo de contenidos psíquicos que, a su vez, producen más emociones.

¿Qué son los pensamientos? Impulsos neuronales que se llevan a cabo a través de los neurotransmisores: unas sustancias químicas que transportan los impulsos nerviosos y permiten la comunicación de los contenidos emocionales.

Los cien mil millones de neuronas del cerebro, que aproximadamente tienen unos cien billones de conexiones de circuitos o sinapsis, mediante las cuales las células de este órgano transmiten toda esa información. Nuestros pensamientos son capaces de generar y poner en actividad las sustancias químicas necesarias para el buen funcionamiento del organismo. La mente moviliza átomos de hidrógeno, carbono, oxígeno, y también envía impulsos específicos, que afectan a la segregación hormonal y a todas las glándulas del sistema endocrino.

La salud de una persona, en consecuencia, estará en parte determinada por su actitud ante la enfermedad, ya que sus pensamientos, en uno u otro sentido, provocarán cambios en su estado físico y mental; es decir, los conductos neuronales envían o no la energía suficiente para el buen funcionamiento del proceso. Cuando esta no llega, o hay una sobrecarga, aparece la enfermedad.

Los terribles efectos que puede llegar a provocar esta situación no son imaginarios, sino absolutamente reales. Los problemas mal canalizados generan una especie de “vampiro cerebral” que devora al cuerpo. Este demonio tiene nombre: la cortisona, que es la hormona generada en situaciones de estrés; éste aumenta su concentración en sangre provocando así daños degenerativos en el cerebro y destruyendo una importante cantidad de neuronas del hipotálamo.

El subconsciente del afectado somatiza la agresión, lo que deriva en estados alucinatorios, como respuesta a la inestabilidad neuronal; procesos que a su vez se precipitan en una escalada de depresión y ansiedad. Como consecuencia, el problema se duplica. Hasta ese momento, la falta de energía tenía un fundamento puramente psicosomático, pero a partir del instante en que se produce la degeneración celular surge un estado permanente de desequilibro hormonal que abre la puerta a una pérdida permanente de energía. Lo peor es que esta amenaza fisiológica aparece por una actitud equivocada del individuo: posturas de derrota, insatisfacción o agresividad mal canalizada. Sin esta actitud negativa, nuestro vampiro interior no tendría ningún poder.


El poder del pensamiento


Según el psicólogo Stanley Schachter, “muchas veces un estado emocional no es más que el resultado de la interacción entre la actividad fisiológica y la evaluación cognitiva de la situación”. En realidad, ¿qué son las emociones? Podríamos definirlas como fenómenos multidimensionales, ya que son estados subjetivos. También podría decirse que constituyen respuestas biológicas y fisiológicas que preparan el cuerpo para una función adaptativa. Si tenemos una emoción, se producen cambios corporales.

Acudamos a la actividad del sistema nervioso durante una experiencia que nos provoque miedo. Automáticamente, se produce una serie de variaciones corporales previsibles y recurrentes: el bombeo del corazón aumenta sus palpitaciones, las manos experimentan una mayor sudoración, la presión sube de forma alarmante y la respiración también se acelera. Es un círculo cerrado. A su vez, ese aumento de la actividad cardiovascular también produce una emoción. Somos conscientes de esa aceleración, amplificamos nuestro miedo, y aumenta la segregación de neurotransmisores y de sustancias hormonales.

Eso significa que las emociones no son más que patrones de respuesta. Pero con esa respuesta podemos amplificar el problema si la emoción inicial es desagradable o varía de forma desestabilizante nuestro patrón físico habitual.

Los pensamientos crean sensaciones al cuerpo, que luego se prepara para luchar contra ellas. El organismo físico no es capaz de distinguir entre un peligro imaginario y uno real, así que los mecanismos de control físicos se pondrán en marcha en ambas ocasiones, en función de las emociones iniciales que envíe nuestro cerebro. Nuestra actitud frente a las cosas puede mejorar o empeorar nuestras constantes fisiológicas. Incluso algunas curaciones físicas – verificadas por la ciencia médica – de casos etiquetados como intratables, han revelado que casi todos esos pacientes pusieron en marcha un proceso espontáneo de sanación, cambiando radicalmente su estado habitual de conciencia. Este cambio de actitud emotiva fue el puente mágico entre la enfermedad y la salud.


Cazavampiros


Cuando vemos desde afuera a un agresor, podemos defendernos, pero cuando está dentro nos provoca indefensión psicológica. Nuestro cuerpo es una especie de retrato en tres dimensiones: un holograma gigante de aquello con lo que llenamos nuestro inconsciente. La mente consciente nos puede mentir y darnos la información errónea de que nuestro cuerpo esta sano; por el contrario, la mente subconsciente es incapaz de mentir y refleja en el organismo el estado real de la situación.

Lo que parece evidente es que cuando experimentamos la desagradable sensación de que hemos sufrido un paro energético, deberíamos buscar la explicación lógica de esas sensaciones que nos invaden y etiquetamos como de orden “negativo”, sin tener que recurrir a otras de carácter extranatural.

Pensemos en una persona que tenga la sensación de “ahogo” y “debilitamiento” en su propio hogar, lo que debería ser su lugar mágico de recogimiento y descanso, pero no lo es. Esta persona presiente que algo esta fallando. Alguien puede atribuir esto a fuerzas extrañas, a invisibles “chupadores” de vida. En realidad deberíamos asociarlo con la idea de que, en esa casa, están plasmados numerosos recuerdos de sucesos que llevan a nuestra mente impresiones negativas.

¿Significa esto que los vampiros psíquicos no son entes reales? Hemos visto hasta ahora la parte más importante del problema, pero lo cierto es que los vampiros psíquicos parecen existir. Como resultado de un comportamiento enfermizo, hay personas melancólicas y depresivas, que se alimentan de la actitud vitalista de otros. Son incapaces de generar la actitud positiva adecuada para sentirse bien por sí mismos e, inconscientemente, para compensar esa deficiencia, buscan víctimas que les alimenten. Existe un abundante grupo de individuos capaz de “cargarse” o abastecerse de forma habitual “robando” la energía anímica de otras personas.






Psicológicamente, se alimentan de nuestro estado de ánimo. A este siniestro grupo pertenecen todas aquellos individuos con bajones energéticos provocados por estados anímicos depresivos o alterados. Frente a tales sujetos, una programación psíquica adecuada resulta imprescindible.

En muchas ocasiones, después de una conversación o charla con el supuesto vampiro, uno se queda con la impresión subjetiva de que le han “vaciado” parte de su campo energético, mientras la persona que estaba inicialmente desanimada ha cambiado su actitud y parece alejarse de nosotros con un aspecto más bien radiante y dicharachero. Este mismo efecto puede manifestarse en el transcurso del vivir cotidiano, en prácticamente cualquier área de nuestra vida en la cual tengamos que sufrir los lloros y lamentos, incluso las iras de vecinos insufribles, amigos insoportables, familiares “palizas” y amistades irritantes.

Para poder sobrevivir a todos ellos y conservar nuestro campo básico de funcionamiento con una mínima estabilidad psíquica y emocional, es necesario crearnos una “segunda piel”: un verdadero escudo protector generado por una correcta visualización y programación de emociones útiles y positivas. Si somos capaces de conseguirlo, notaremos los resultados en nosotros mismos y en todas los dominios de nuestra vida.

La Intuición: el sexto sentido

“La intuición y no la razón atesora la clave de las verdades fundamentales”. —Buda




Esta capacidad parece ser algo más que una habilidad extrasensorial. Si nos atenemos estrictamente a su definición “es la percepción íntima e instantánea de una idea o verdad. O la facultad humana de entender algo sin razonamiento, lógica o sentidos.” Bajo este punto de vista, cualquiera de nosotros, sin necesidad de ser videntes, experimentamos alguna vez en la vida ráfagas de comprensión intuitiva. El problema es que nuestra conciencia esta acostumbrada a desechar todo cuanto no proceda de la lógica, y no solemos ser conscientes de estos mensajes.

Existen, además, técnicas como la relajación y la visualización, o circunstancias especiales, como el estado de duerme-vela, revelaciones oníricas o situaciones de tensión, en que las defensas del ego racional descienden y somos más receptivos. Cada vez que una corazonada nos impele a actuar de forma inmediata o captamos un presentimiento que después se revela cierto, sentimos la urgencia de llamar por teléfono a alguien a quien no vemos desde hace tiempo y entonces descubrimos que necesita nuestra ayuda, o bien tomamos una difícil decisión que luego se confirma positiva, estamos siendo intuitivos. Algunas personas dicen “no sé cómo, pero lo sabía.”





Claro que estas experiencias ponen de manifiesto las diferencias entre intuición y facultades psi. Así, mientras la primera se presenta simplemente como un presentimiento difuso de algo todavía no ocurrido, o como la solución repentina a un problema, éstas últimas traen a la mente noticias sobre el presente o futuro mediante imágenes. Por otra parte, la intuición va acompañada de un sentimiento de certeza inconfundible, algo que no ocurre con los datos obtenidos mediante clarividencia o premonición, que suelen ser ambiguos y necesitar interpretación (al igual que la requieren las prácticas adivinatorias subjetivas como el tarot o la quirología).

Hay cuatro métodos básicos en que se manifiesta el pensamiento intuitivo: psíquicamente (cuando se “olfatea” un peligro inexistente hasta el momento), emocionalmente (atracción o rechazo inmediato por alguien), mentalmente (solución instantánea de un problema intelectual) y espiritualmente (cuando se produce una iluminación o una revelación).

En realidad, filósofos, músicos, artistas y científicos de todos los tiempos, desde Arquímedes a Einstein, pasando por Newton, deben a su intuición importantes descubrimientos o la inspiración de sus mejores obras. Por citar algunos de la larga lista recordemos a Gustav Mähler, quien afirmaba: “yo no elijo lo que compongo, lo que compongo me elige a mí”; a Einstein, quien llegó a decir que “a la hora de hacer ciencia lo único valioso es la intuición”; o Dalí, que esperaba siempre para pintar “el momento en que se produjera el delirio de lo instantáneo, a través de una actitud activa sistemática y sabia ante los fenómenos irracionales”.

Por otra parte, algo que ha sido motivo de numerosos estudios es el hecho que para numerosas personas estas percepciones inmediatas van acompañadas de sensaciones fisiológicas. Curiosamente, todas estas respuestas físicas se anticipan al conocimiento consciente y presentan frecuencias electromagnéticas altas de energía, algo que también ocurre con el acceso al terreno psi.

Pero, aunque se establezca que la inteligencia intuitiva es innata en todos nosotros, que tiene un sitio en nuestro cerebro y nos advierte mediante la química, aún queda un misterio sin resolver: ¿de dónde viene la información que se genera durante este tipo de percepciones? ¿Se originan en nuestro inconsciente o fuera de nosotros? ¿Se trata de una inspiración divina, de una conexión con la energía universal? Tal vez nuestro concepto sobre lo que es interno y externo son obsoletos.

PRACTICAS SENCILLAS PARA EL DESARROLLO DEL SEXTO SENTIDO

- Reconocer el estado: En estado de relajación procura ser consciente de las impresiones que recibes a través de los sentidos y de tus sensaciones internas. Utiliza una grabadora para registrar en voz alta percepciones como: “Siento mi respiración”, “huelo a café”, “Oigo una puerta”… Todo cuanto percibimos tiene un significado. Practicar a menudo este ejercicio nos vuelve más receptivos.

- Formular una pregunta: La intuición siempre está a nuestro servicio y es posible hacerle todo tipo de preguntas. Eso sí, las cuestiones han de ser concretas o la respuesta se podría interpretar de varias maneras. No se puede plantear “¿Conoceré a mi pareja ideal?”, porque si es alguien que ya se conoce la respuesta será negativa. Hay que preguntar “¿Cuándo conoceré a mi pareja ideal?” En todo caso, hay que tener cuidado con lo que se desea saber. La intuición siempre contesta y puede que no nos guste lo que nos comunica.

- Obtener una respuesta: Escribe varias preguntas en diferentes papeles, y después, con los ojos cerrados, elige una al azar. Inmediatamente después, sin dar tiempo al pensamiento racional a interferir, repite en voz alta todo lo que sientes o percibes. Es importante grabar o que alguien anote lo que digas. El truco consiste en no callar nada que venga a la mente. Si ésta se queda en blanco, hay que respirar hondo, concentrarse en una de las sensaciones y dejar que nos lleve a otra. Luego analiza tus impresiones y trata de hallarles un significado. Por último mira el papel elegido y descubre la pregunta a la que has contestado. Es mejor no saber a qué se responde al hacer el ejercicio, pues así el consciente no bloqueará el proceso.

- Interpretar mensajes: Para descifrar el significado de tus impresiones, analízalas detenidamente. Busca similitudes entre las palabras y pregúntate que quieren decir para ti. Utiliza la asociación de ideas. Si la intuición se ha manifestado mediante imágenes o símbolos, como ocurre en los ejercicios de visualización, entonces intenta averiguar que significan éstos para ti o para tu familia, o conviértete en el propio símbolo para ver que sientes así.

- Conocer el futuro: Escribe varias preguntas en un papel y elige una al azar. Dibuja un cuadrado, cierra los ojos y divaga mentalmente por cada una de sus esquinas, mientras visualizas diferentes escenas, sentimientos o cosas en cada una. Las visualizaciones que has tenido en la primera esquina corresponden a tu situación presente. La segunda contiene datos acerca del futuro próximo. La tercera desarrolla la situación anterior. Y la cuarta habla sobre los cambios que experimentarás pronto.

- A cara o cruz: Para obtener una respuesta intuitiva simple toma una moneda, a cuyas caras hayas asignado un significado positivo o negativo respectivamente, y arrójala al aire. Otro método consiste en abrir un libro y leer una frase al azar. O prestar atención a nuestra percepción sensorial, en el preciso instante en que hacemos la pregunta.





- Evitar autoengaños: Es difícil saber cuándo una información ha sido brindada por la intuición u obedece a una reacción emocional, ansiedad, imaginación, rebeldía, etc. Para no autoengañarnos los expertos recomiendan “conocerse uno mismo”, y así identificar las propias motivaciones y miedos. Ciertos hábitos que nos ayudarán son: llevar un diario de nuestros estados anímicos, practicar técnicas que nos eduquen para concentrar la atención, como yoga, chi-kung, meditación, etc. También es positivo hacer ejercicio físico, abrir el corazón al mundo que nos rodea y gozar con un sentimiento de gratitud hacia nuestros semejantes, así como cultivar el sentido del humor, y jugar como si fuéramos niños.

Universos Paralelos

¿Y si todo no fuese como pensamos que es? ¿Y si fuese posible viajar hacia otro universo y hacia otra edad? La teoría dice que el espacio es curvo y que, de esa forma, nuestro universo, “plegado varias veces sobre sí mismo, podría estar conectado a otros múltiples universos paralelos a través de “túneles del tiempo”, fabricados por los agujeros negros y por los agujeros de gusano.

La Tierra describe una elipse alrededor del Sol, como si se tratara de un barco que navegara por una superficie curvada o invisible. El mismo barco que Cristobal Colón vio aparecer poco a poco en el horizonte y que afirmó en él su creencia sobre la redondez de la Tierra. Pero ahora se trata de otra redondez, o al menos otra curvatura: la del espacio. Para explicar la elipse de la Tierra alrededor del Sol, suponemos que existe entre ambos una fuerza de gravedad tal, que mantiene a nuestro planeta en su órbita. Pero si en vez de gravedad, consideráramos en cambio una geometría espacial, deberíamos definirla observando no el espacio, que es invisible, sino la manera en que los objetos se mueven en él.





Un objeto de masa y velocidad determinadas, que se mueva muy alejado de cualquier otra masa, sigue una trayectoria casi recta. Al acercarse a otra masa, la trayectoria se hace cada vez más curva. La masa, al parecer, curva el espacio. Y cuanto mayor y más cercana es la masa, más acentuada es la curvatura.

Una estrella común y corriente conserva su tamaño normal gracias al equilibrio que existe entre su altísima temperatura central, que tiende a expandir la sustancia estelar, y la enorme atracción gravitatoria, que tiende a contraerla. Si en un momento dado, la temperatura interior de la estrella desciende y ese equilibrio se altera, la gravedad habrá ganado la partida: la estrella empieza a contraerse y su estructura atómica interior a desintegrarse. La estrella es ahora una “enana blanca”.

El ingreso a los agujeros negros

Cuando la enana blanca que nos ocupa se contrae, el campo gravitatorio en su superficie es más intenso y los conos de luz que emite se inclinan todavía más hacia adentro, lo que hace aún más difícil que la luz de la estrella escape de su interior. Finalmente, cuando la estrella se ha reducido a un punto crítico, la gravedad es tan intensa que ninguna luz puede escapar. Ni la luz ni ningún otro objeto. De esa forma, estamos ante una región del espacio llamada “agujero negro”.

Lo que los científicos tratan de iluminar con sus teorías, es qué es lo que sucede con la materia de la estrella que ha caído en el agujero negro. Porque, la estrella de la que hablábamos antes se ha colapsado, se ha “comido a sí misma hasta desaparecer en un agujero negro del que ya no puede salir, la materia de la que estaba hecha sólo tiene dos caminos a seguir: o “muere”, o se va hacia otra parte. ¿Alguien puede suponer que la enorme masa colapsada de una estrella que cayó en su propio agujero negro, deje de ser así como así? Y si esto no ocurre, si la materia no “muere”, ¿a dónde va?

Stephen Hawking, el heredero de la cátedra de Newton en la Universidad de Cambridge elaboró unos teoremas que determinan que, en el interior de los agujeros negros, existe lo que los matemáticos llaman singularidad, un elemento que puede considerarse como una especie de límite o frontera del tiempo espacial.

Pero los científicos no se ponen de acuerdo aún sobre el significado físico de ese concepto matemático conocido como singularidad. ¿Es la frontera del universo? ¿Toda materia que alcanza el estado de singularidad, desaparece sin que se vuelva a saber más de ella, sin que sea posible rastrear su viaje final? ¿O es que la singularidad es una grieta en el universo, una fractura, una rotura abierta al más allá? Y, en ese caso, ¿qué hay más allá? ¿Existe algo fuera de nuestro tiempo espacial?

Las trampas del tiempo

El viaje en el tiempo a través de agujeros de gusano, encierra, para los matemáticos, un buen número de posibilidades de éxito. Es el triunfo de la teoría. Los físicos, en cambio, fruncen el ceño, aseguran que la realidad desmiente, por ahora, los brillantes teoremas matemáticos: la paradoja demuestra que si se probara la factibilidad de viajar en el tiempo, toda la solidez de la física se vería amenazada.

El ejemplo cuenta la historia de un viajero en el tiempo que visita a su propia madre cuando ésta es una niña, y la asesina. Si el viaje en el tiempo es posible y la niña resulta muerta, el viajero no nació, no existe, nunca pudo haberse embarcado en un viaje en el tiempo, ni asesinar a su madre. Y si, en cambio, la niña no fue asesinada, el viajero sí nació, sí existe, sí encaró el viaje en el tiempo y llegó al pasado… para matar a su madre.

¿Existe Dios?

Para muchos la existencia de Dios es algo que no necesita probarse, basta con vivenciarlo pues sienten su presencia constantemente. Para otros, la creencia de un Creador es una patraña inventada para ejercer poder sobre las masas o por personas ignorantes y débiles que necesitan afirmarse a algo superior frente a las múltiples incertezas de la vida. Puede ser, mientras no se pueda probar fehacientemente quien tiene la razón cada cual es dueño de sus propias vivencias y tiene perfecto derecho a creer en lo que quiera.
Pero, ¿y si hiciéramos el ejercicio de intentar probar la existencia de Dios sin utilizar la fe, sino tomando los argumentos que la propia Ciencia nos entrega, es decir plantearnos como hipótesis su posible existencia mediante razonamientos lógicos e intentar probarlo con argumentos válidos y demostrables?




¿ES POSIBLE PROBARLO A TRAVÉS DE LA CIENCIA?


“Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha lo acerca.” —Louis Pasteur

A partir de Descartes y de la revolucionaria teoría de la evolución de Darwin, el mundo se vio inmerso en una filosofía naturalista que descartaba la presencia de Dios y exaltaba el razonamiento apoyado en el método científico, en que sólo se aceptaba como válido lo demostrable a través de él, quedando la creencia en Dios relagada al ámbito de las religiones o de la experiencia mística. Esta dicotomía Ciencia-Religión produjo por una parte fríos, asépticos e innegables avances en el campo de la Ciencia, pero por otra una gran confusión filosófica en la sociedad, que inmersa en el mundo de casualidades estadísticas que justificaba la efímera existencia de sus individuos, se vio impulsada a aferrarse a los bienes materiales, a pensar que “después de esta vida no hay otra”, a sacar el mayor provecho posible de su entorno a costa de los demás y del medio ambiente, etc., para obtener así la mayor cuota posible de satisfacción durante sus cortos e insignificantes periodos de existencia.

Sin embargo, la vida está rodeada de múltiples misterios palpables e inexplicables para la ciencia tradicional y para las mentes escépticas. Demás está nombrarlos, ya que todos hemos tenido experiencias individuales o colectivas en ellos. Diversas disciplinas nuevas han intentado estudiarlos y explicarlos, siendo sus investigaciones desestimadas o de hecho ridiculizadas ya que no se apoyaban en el método científico sino en la especulación o en estudios de campo conducentes sólo a acumular casuística.

No obstante, estamos llegando al umbral de una nueva Ciencia, paradójicamente proveniente del mismo mundo científico-escéptico, gracias a revolucionarios avances y descubrimientos en mecánica cuántica y relativista, que al llevarnos a los confines de lo real comienzan a enfrentarnos con dilemas que rayan en lo metafísico. Estudios visionarios y audaces de muchos integrantes de la comunidad científica internacional están llegando a conclusiones sorprendentes que podrían llevarnos a modificar profundamente el paradigma actual. Precisamente estos asomos a “la frontera de la frontera” nos podrían dar los argumentos necesarios para descubrir la huella digital de la Supra Inteligencia que estaría observando desde los pliegues de la cortina que separa nuestro Universo “autocontenido” de lo Infinito.

Si realmente el Creador del Universo existe, obviamente no va a ser posible probarlo en forma directa, como tomarle una fotografía, filmarlo, o concertar una cita con Él para presentárselo al grupo de escépticos que pide la prueba irrefutable de ello. Por lo tanto, si queremos intentar demostrar en forma racional su existencia, deberemos proceder con racionalidad en nuestra investigación.

Partamos por el siguiente razonamiento, válido lógicamente, a manera de axioma: Si existe y como tal creó el Universo, entonces es obvio que debe habitar en otra realidad dimensional, probablemente diferente a ésta al menos en lo que a espacialidad y temporalidad se refiere, y posiblemente con un número mayor de dimensiones. Nuestra realidad espacio-temporal debiera estar por lo tanto inserta necesariamente en un marco menor y más acotado, que permitiera su creación utilizando las leyes de la suya propia y posteriormente tener el control permanente sobre ella.

Este axioma nos señala de partida que es imposible demostrar la existencia de Dios a menos que se proceda de manera indirecta, vía inducción (¿Puede acaso una gota de agua visualizar al Océano completo?).

Ahora, ¿es posible intentar demostrar en forma indirecta su existencia con argumentos científicos y plausibles? Creemos que sí, y que es la Ciencia de nuestra época, como dijimos, considerando sus últimas y revolucionarias investigaciones, la que precisamente lo permite.

Comencemos pues a abrir los ojos y a maravillarnos con las evidencias.

¿ES POSIBLE UN ACTO CREADOR DEL UNIVERSO?

“La posibilidad de que seamos creaciones de algo supremo, o de una superinteligencia, empaña la frontera entre la física y la filosofía idealista, entre lo natural y lo sobrenatural, entre la relación de la mente con los multiversos y la posibilidad de que estemos viviendo en ‘Matrix’ más que en un mundo físico”. —Sir Martín Rees (Profesor de Cosmología y Astrofísica de la Universidad de Cambridge)

Como ya mencionamos, la comunidad científica ha tratado hasta ahora de explicar el origen y la existencia del Universo y de la Vida a través de diversas teorías. El requisito inherente que les exigen a éstas para que puedan ser consideradas plausibles es que involucren procesos que sean completamente naturales, sin la intervención de un Creador. Lo anterior está fuertemente influenciado por la aceptación universal de la teoría —aún no demostrada— de la Evolución, sin mencionar los prejuicios propios del pensamiento intelectual actual en esas esferas, que en general se caracteriza por su falta de humildad y de espíritu abierto frente a lo que aún no se conoce. ¿Un Creador? Vamos, una creencia tal queda para la religión y sus adeptos, pero de ninguna manera para algo tan “serio”, tan “académico” como lo es la Ciencia, que exige de sus cultores la máxima rigurosidad del método científico para estudiar y explicar los fenómenos del entorno.

Como si los órganos sensoriales de los investigadores y los instrumentos de medición que utilizan fueran equivalentes al método mismo, sin tomar en cuenta que aquéllos podrían ser limitados y éstos imprecisos. Tal dogmatismo, unido a la impopularidad o el descrédito que supone el atreverse a investigar en tal sentido, hace que se pasen por alto las numerosas evidencias que, por otros caminos, la misma Ciencia da de tal posibilidad.

Paradójicamente sin embargo, la teoría más aceptada en la actualidad para la formación del Universo, incluso considerando sus variantes y sus consecuencias, es la que precisamente podría dar la razón y el lugar a la intervención de una Entidad Inteligente que podría haber desencadenado el proceso original y su posterior y constante desarrollo y mantenimiento: La teoría del Big-Bang o la Gran Explosión.


NOTA 1: Esta es la teoría más aceptada y difundida actualmente respecto de la formación del Universo. Postula que éste se habría originado a partir de la explosión de un átomo original de energía concentrada. Tal teoría fue postulada en 1948 por el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow, quién modificó la teoría de Lemaître del núcleo primordial.





Según los científicos actuales el tamaño de este átomo habría sido infinitamente menor que el de la cabeza de un alfiler: En efecto, a los 10 elevado a -43 segundos después de la explosión original (denominado tiempo de Plank), el “huevo primordial” tenía un diámetro de 10 elevado a -33 centímetros (siendo que el diámetro del núcleo de un átomo es de 10 elevado a -13 centímetros) y una temperatura de 10 elevado a 32 grados. Como dijo el físico John Wheeler al referirse a ese “algo” que precedió a la creación del Universo: “Todo lo que conocemos encuentra su origen en un océano infinito de energía que tiene la apariencia de la nada”. Como no se posee mucha información sobre lo que ocurrió antes de esta explosión original, habría lugar para la intervención de una Entidad Creadora.
Por otro lado, el mismo avance de la Tecnología permitiría explicar, aunque por ahora en forma incipiente y quizá en forma muy primitiva, la posibilidad cierta de tal intervención creadora.

En efecto, con el asombroso avance de la informática y de la computación en los albores del siglo XXI, estamos en posición de atisbar la posibilidad de crear en el mediano plazo “realidades artificiales” a un nivel menor que el de nuestra propia realidad y del todo controlables por el diseñador de ellas. Universos cerrados (es decir, autocontenidos, como lo es el nuestro), tan grandes como queramos o podamos diseñarlos. Nos estamos refiriendo a la Realidad Virtual, tecnología informática que permite el diseño y funcionamiento de mundos que existen bajo leyes establecidas por el programador.

Tal tecnología está aún en sus inicios pero ya se vislumbra su tremendo potencial y alcance, a tal punto que se estima que en corto tiempo se podrán realizar viajes a lugares ideales o actualmente inalcanzables, adoptando como propio un determinado cuerpo virtual e interactuar con otros cuerpos y elementos también virtuales, con tan sólo echar a correr un programa y conectarse a los elementos necesarios que permitan que nuestro cerebro interprete como imágenes y sensaciones reales los impulsos eléctrico-magnéticos convenientemente codificados que el programa le envíe.
Lo anterior, unido al notable progreso en el campo de la I.A. (Inteligencia Artificial) que permite extrapolar que en un futuro no muy lejano pueda llegar a ser posible la toma de conciencia propia de determinados programas computacionales, es decir, que se vuelvan inteligentes, lo que unido a lo anterior podría dar lugar a la “creación” de mundos virtuales con “seres vivos” e “inteligentes” que, por supuesto, jamás podrían salir fuera de sus realidades o espacios virtuales por no estar en su naturaleza “física” el hacerlo, aunque sí el programador podría, asumiendo la forma que quisiera o con simplemente su voz o tal vez sólo con su pensamiento, interactuar y comunicarse con ellos, al mismo tiempo que tendría la posibilidad, dependiendo de la complejidad y perfección de su programa y de su equipo, de tener un total control de los actos de su “creación”.

En este sentido, la “materia” y su comportamiento energético que formarían parte de tal universo virtual no sería otra cosa que la energía electro-magnética del equipo que respondería a las leyes e instrucciones establecidas de antemano por el programador en su software computacional.
NOTA 2: “Sir Martín Rees, profesor de Cosmología y Astrofísica de la Universidad de Cambridge, pronostica que, si el avance de la informática sigue evolucionando de la forma en la que lo ha hecho hasta ahora, dentro de pocos años será posible concebir ordenadores tan potentes que lograrán construir un universo completo, habitado incluso por entidades conscientes. ’Si esta tendencia continúa, entonces podemos imaginar ordenadores capaces de simular mundos quizás tan complicados como éste en el que creemos estar viviendo’, asegura este científico”. (Extractada del artículo ¿Vivimos en Matrix? de la revista Año Cero, Año XVI).


¿Qué es realmente la materia?

“Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra” —El Kybalión

Los hallazgos de la física moderna, específicamente la relativista y la cuántica, así como los de la química moderna, están provocando una total revisión del concepto de la materia que nos rodea y de la cual estamos formados, al menos tal y cómo la conocemos, palpamos y concebimos cotidianamente. Ya Albert Einstein (1879–1955) demostró la estrecha relación existente entre la materia y la energía, elegante y poéticamente expresada en su famosa fórmula considerada por muchos como la tan buscada piedra filosofal de los antiguos alquimistas:

e = m.c²

Donde e = energía, m = masa, c² = velocidad de la luz elevada al cuadrado.

Que es del todo cierto que la masa de un cuerpo es nada más y nada menos que energía muy concentrada, quedó dramática y dolorosamente demostrado en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki a fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando en fracciones de segundo una pequeña cantidad de materia se transformó en tal cantidad de energía que las borró prácticamente del mapa junto a sus miles de habitantes .

La física moderna, específicamente la física cuántica, ha podido demostrar que los átomos, a diferencia de cómo pensaba el filósofo griego Demócrito (460-370 AC), no son cuerpos duros, indestructibles e impenetrables, sino sistemas compuestos que constan de muchas partículas. La estructura tradicionalmente conocida del átomo es la que propuso el físico neozelandés Ernest Rutherford (1871–1937), que consiste en un núcleo rodeado de uno o más electrones (dependiendo del tipo de elemento) a semejanza de un minúsculo sistema planetario. Pero respecto a este modelo se ha podido demostrar dos cosas sorprendentes: primero que en el interior del átomo hay casi sólo espacio vacío y segundo que los componentes de éste no son sólidos.

En el caso de los electrones, sus órbitas no pueden ser definidas con precisión, sino que tales partículas parecen estar difuminadas y repartidas como una nube por todo el átomo (Principio de Indeterminación de Werner Heisenberg)(1901–1976). A su vez como todos sabemos, el núcleo de un átomo está compuesto por otras partículas más pequeñas: los neutrones y los protones, pero como quedó demostrado en los años sesenta cuando los físicos bombardearon un núcleo atómico utilizando el gigantesco acelerador de partículas SLAC de la Universidad de Stanford, California, EE.UU., los protones y neutrones no son cuerpos sólidos, sino que están constituidos por partículas aún más pequeñas las cuales revolotean a su vez en círculos en el territorio del núcleo.

Tales partículas internas se conocen como quarks. Se estima que un quark sería por lo menos cien billones de veces menor que un protón. Así resta y sigue, los componentes del átomo serían cada vez más pequeños hasta llegar a la conclusión actual que los más diminutos tendrían un volumen cero, lo que permite teorizar que, o serían puntos sin dimensión; es decir, que tendrían concentrada su carga y su masa en un punto de dimensión y volumen cero, lo que de acuerdo a la teoría de la relatividad sería un absurdo puesto que entonces deberían tener masa infinita, o bien, de acuerdo a lo que postula la moderna “Teoría de las Cuerdas” de la mecánica cuántica, las más minúsculas partículas elementales no serían puntos sin dimensión, sino hilos o cuerdas elásticas representadas en una sola dimensión, la longitudinal. Simples filamentos capaces de ser estirados como una goma, los cuales serían capaces de vibrar en todas direcciones y por lo tanto a pesar de tener un volumen cero, al girar y oscilar ocuparían una diminuta región tridimensional, comportándose por lo tanto como masa.
Pero en este caso ya no estamos hablando estrictamente de masa, puesto que las cuerdas serían unidimensionales, sino de vibraciones de “algo” que, si se comporta como masa, de acuerdo a la fórmula de Einstein (E = m.c²) debería ser nada menos que energía comprimida que vibra, que al girar y oscilar ocupando con sus movimientos un espacio tridimensional, formaría unidades básicas de masa, las partículas elementales más pequeñas del átomo, sus componentes fundamentales. De acuerdo con esto, las distintas partículas elementales no serían otra cosa que cuerdas con diferentes frecuencias de vibración y oscilación, y tal vez las distintas agrupaciones de ellas y de los átomos que constituyen, que formarían a su vez los tipos de elementos conocidos, se deberían a las diferentes longitudes de onda de la energía vibrante base.

La materia estaría entonces constituida por cuerdas o hilos de energía “encogida” a una determinada longitud de onda y sus diversos comportamientos dependerían en cada caso de los respectivos valores tanto de las frecuencias de vibración y de oscilación, como de las longitudes de ondas involucradas (siendo el caso más característico el de los corpúsculos o cuantos de luz, que no son otra cosa que “paquetes de energía” con longitud de onda “comprimida” a un valor menor). No sería extraño llegar entonces a descubrir que las diferentes combinaciones de estos factores —incluyendo posiblemente otros— estuvieran convenientemente codificadas para lograr la materia que conocemos así como sus efectos físicos y químicos (e incluso dimensionales ya que, según postula el afamado Stephen Hawking, dentro de estas cuerdas —a nivel de “distancia de Plank”— podrían estar “trenzadas” dimensiones adicionales a las tres conocidas, a semejanza con las fibras al interior de un cabello, el cual a distancia parece una línea unidimensional).

De ser correcto este concepto es entonces revolucionario, puesto que nos permite entender que los átomos y por lo tanto la materia que conocemos y que compone el Universo físico, tanto visible como invisible, no sería otra cosa que espacio vacío , dominado por fuerzas y campos producidos por energía vibrante codificada, comportándose de acuerdo a leyes preestablecidas.

Pero, ¿preestablecidas por quién? ¿Ya podemos vislumbrar más claramente que es posible la existencia de un Programador, de una Mente, de un Entidad Inteligente responsable de la creación de este Universo? ¿Y que nosotros no podríamos por nuestra propia cuenta tener acceso a Su realidad, pero sí Ella a la nuestra y que las leyes del espacio-tiempo que nos rigen no necesariamente deberían ser válidas en la Suya? De ser así, ¿no sería también posible que nuestra realidad espacio-temporal no sea tal, sino que la percibamos así debido a que nuestros cerebros y por ende nuestros sentidos están también sujetos a las mismas leyes y además adaptados intencionalmente para captarla dentro de un cierto rango preestablecido?

NOTA 3: “Según John Barrow, profesor de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Cambridge, las constantes naturales en el Universo, tales como la velocidad de la luz, la fuerza de atracción de la gravedad o el grosor de las capas de nuestra atmósfera, convierten a nuestro mundo en un lugar “seguro” para los organismos vivos y el desarrollo de la vida. Un pequeño cambio en estas constantes, aunque fuera insignificante, provocaría que el Universo, tal y como lo conocemos, desapareciera. La pregunta que se hace este matemático es la siguiente: ¿Son las constantes de la naturaleza fruto del azar, o, por el contrario, responden a un diseño inteligente? En el caso de que esta última posibilidad fuera cierta, nada impide que ese diseño formara parte de una simulación informática. ’Civilizaciones sólo un poco más avanzadas que la nuestra tendrían la capacidad para simular universos en los que podrían surgir entidades autoconscientes y comunicarse entre ellas’, asegura Barrow”.(Extractada del artículo ¿Vivimos en Matrix? de la revista Año Cero, Año XVI)

“Qué es real? ¿De qué modo definirías lo real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podrían ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro” (Morfeo a Neo, The Matrix).

Cabe recordar aquí la intuitiva afirmación hecha en el siglo XVIII por George Berkeley, obispo de Cloyne, en Irlanda: “¡La materia no existe! Lo que percibimos como sustancias sólidas, por ejemplo la madera o el hierro, no son otra cosa que una impresión que Dios hace que se produzca en nuestro cerebro”. A pesar de haber sido contradicho desaforadamente por su crítico el doctor Samuel Johnson quien, pateando una gran piedra con rabia, exclamaba al mismo tiempo: “¡Esta es mi refutación!”, parece que la Ciencia y la Tecnología, a pesar de la reticencia de la misma comunidad científica, le estaría dando la razón.

Si la materia no nos parece una ilusión —y para ello valga la contundente refutación de Johnson— seguramente se debe a que la multitud de seres que poblamos tanto la Tierra como el Universo, estamos formados por la misma clase de energía vibrante sometida a leyes preestablecidas, y como ya dijimos, adaptados nuestros sentidos para percibirla según los rangos que se nos hayan dado dentro del espectro electromagnético, de tal manera de hacer posible nuestra experiencia de vida. Por lo tanto, el hecho que los objetos que nos rodean presenten diferentes formas y estados y podamos modificarlos, transformarlos, tocarlos y sentirlos, no se debería a la materia misma sino a esas leyes preestablecidas que rigen el comportamiento de la energía que provino de la Gran Explosión original, comportamiento inteligentemente programado por la posible Entidad que provocó tal suceso y que sería a su vez la fuente de dicha energía.

¿Qué es realmente la vida?

A partir del descubrimiento por Watson y Crick de la doble hélice del ADN el año 1952, la Biología tradicional incluyendo en ella a la Genética de Mendel, experimentó toda una revolución que dio lugar a la actual Biología Molecular, a través de la cual los bioquímicos —entre otros importantes estudios y descubrimientos— han estado intentando descifrar el misterio de los orígenes de la vida.
Al hacer objeto principal de su investigación a las bacterias, sobre todo las unicelulares, estos dedicados y entusiastas científicos han podido comprobar que lejos de tener con esta elección —como era su propósito— un objeto simplificado de estudio, cada una de éstas era “en sí misma un universo completo”.

Si bien se ha logrado identificar el comportamiento de muchos de los componentes tanto de los ácidos nucleicos como de las células mismas, las dos fronteras del conocimiento biológico: el origen del código del ADN, (de carácter universal en todo ser vivo) y el funcionamiento del sistema nervioso central del ser humano, constituyen verdaderos enigmas para la Ciencia, que ha debido reconocer que inherentes a ellos se evidencian mecanismos de codificación y de interpretación de dichos códigos, de carácter netamente inteligente cuyo origen, ubicación, estructura y funcionamiento en los organismos es aún un misterio insondable.

Por ejemplo, respecto al ADN, “La fibra cromosómica contiene, cifrada en una especie de código miniatura, todo el porvenir del organismo, de su desarrollo, de su funcionamiento” Y como el código no tiene sentido a menos que pueda ser traducido: “Las estructuras cromosómicas cuentan también con los medios para poner este programa en ejecución. Son a la vez la ley y el poder ejecutivo, el plan del arquitecto y la técnica del constructor” . Los medios para la ejecución de tal programa son las enzimas, cuyo comportamiento provoca que los genes del ADN se activen o se inhiban individualmente o por sectores, en el tiempo y en el espacio, para provocar la formación de los distintos tejidos celulares y los órganos necesarios para el desarrollo y funcionamiento fisiológico de un organismo multicelular. Pero no se ha logrado identificar el mecanismo que provoca tal comportamiento programado de las enzimas, el cual en sí mismo constituye un programa inteligente que indica cuándo y cómo deben actuar los agentes decodificadores .

Respecto del sistema nervioso central del ser humano, podemos decir al igual que Monod, que intentar comprender su funcionamiento completo no es posible “puesto que ningún sistema lógico sabría describir integralmente su propia estructura”, por lo que este sólo hecho constituye una frontera absoluta del conocimiento humano. En todo caso, aunque se intenta abordar de todas maneras su estudio, entre los problemas más difíciles e importantes que se plantean en este campo está el del “desarrollo epigenético de su compleja estructura, que en el caso del hombre comprende entre 10 elevado a 12 y 10 elevado a 13 neuronas interconectadas por mediación de entre 10 elevado a 14 y 10 elevado a 15 sinapsis, de las que algunos asocian células nerviosas alejadas unas de otras”.
Es notable lo mencionado por Monod, que “entre las funciones primordiales que desempeña el cerebro en la serie animal” —que comprende el hombre— está el de “contener, en forma de circuitos genéticamente determinados, programas de acción más o menos complejos y ponerlos en marcha en función de estímulos particulares”.
Pero más allá incluso del ADN y del sistema nervioso central, lo que escapa casi totalmente a la investigación bioquímica actual es el mecanismo que logra “la continuación de las etapas que van desde la asociación de los neutrones y de los protones en el núcleo atómico, hasta conducir sucesivamente a la formación de moléculas, macromoléculas y orgánulos (como las mitocondrias), terminando con la formación de la célula misma”.

Se evidencian los softwares primordiales

“…en la ciencia del siglo XX hay una tendencia a olvidar que un día habrá una ciencia del siglo XXI y aún del siglo XXX. Contemplado desde la distancia de los siglos futuros, nuestro actual conocimiento es totalmente insuficiente. Sufrimos pues, de un provincianismo de orden temporal, de una arrogancia que siempre indignó a las generaciones posteriores a los hechos históricos.” —Joseph Allen Hynek

¿Dónde están materializados éste y los otros mecanismos antes mencionados? ¿En qué parte del ADN, o de los cromosomas, o del citoplasma se encuentran codificados? ¿O es que la Vida como ya se sospecha —al igual que la materia— es un software intangible, pura energía codificada, que imparte las órdenes a su debido tiempo y a distintos niveles a los diversos componentes químicos que intervienen en la formación y funcionamiento de las células y tejidos, mediante programas a manera de rutinas y sub-rutinas del programa maestro? ¿En qué parte de los campos energéticos se aloja la información de este programa maestro?

El Campo Subyacente

A partir del año 1926, los físicos teóricos dieron por sentada la existencia de un Campo que subyace bajo todos los demás campos conocidos a esa fecha (eléctrico, magnético, gravitatorio, de atracción nuclear, etc.). Lo denominaron Campo Punto Cero (CPC), debido a que, aún quitando toda la materia y la energía de un volumen determinado de espacio y sometiéndolo a la temperatura de cero absoluto (-273ºC), temperatura a la cual se supone que cesa todo movimiento, todavía se evidenciaba un hervidero de actividad sub-atómica que continuaba fluctuando en todas direcciones. Este campo constituía la energía presente en el estado más vacío del espacio al nivel energético más bajo posible, del que no se puede retirar más energía.

Conclusión, existía un campo subyacente a todos los demás, que abarcaba todo el espacio-tiempo y era omnipresente.

Lamentablemente fue descartado como intrascendente dado que, al estar en todas partes, consideraron que no agregaba ni quitaba nada en sus cálculos por lo que “renormalizaron” sus ecuaciones, eliminándolo.

No obstante, científicos visionarios y vanguardistas, algunos perplejos por los increíbles comportamientos de las partículas subatómicas a nivel cuántico, otros intentando explicar fenómenos extraños como la memoria del agua, la efectividad de la homeopatía, la telepatía, la energía vital de las plantas y animales, el funcionamiento del cerebro, la memoria racial, etc., llegaron a la sorprendente conclusión que la explicación a todo ello estaba precisamente en este Campo, que dada sus increíbles características lo conecta absolutamente todo por ondas que se extienden en el espacio y el tiempo, pero no en forma aleatoria sino que en base a una codificación coherente, a funciones de onda superpuestas que vibran en resonancia como los hologramas, es decir, que en cada punto de él se encuentra codificada toda la información que existe en la totalidad.

Mediante exhaustivos experimentos de laboratorio, se ha podido ir descubriendo y demostrando que dicho campo tiene codificadas las infinitas posibilidades de ocurrencia de cada acción dentro del Universo, coexistiendo todas en forma virtual (explicando la no-localización del electrón) hasta que la Conciencia de un ser vivo, racional o irracional, opta por una de ellas, con lo que se desmoronan los trenes de ondas de las demás posibilidades materializando las ondas que corresponden a la decisión tomada (cumpliéndose así el Principio de Incertidumbre de Heisemberg). A partir de ese instante dicha realidad espacio-temporal queda registrada como un suceso real mediante códigos de interferencia de ondas, pasando a formar parte de la Memoria del Campo y por ende del Sistema Universal.

Investigaciones realizadas también en el campo de la Biología están demostrando que las células del cerebro y de los tejidos en general tomarían de este mismo Campo la información conducente a su especialización, para formar los diversos órganos. La información casi instantánea que se produce entre las innumerables células de los organismos vivos, que hace imposible que sean los procesos químicos los responsables de ella, se haría mediante pulsos de luz codificados provenientes también de dicho Campo.
En resumen, el Sistema Universal está bañado de este Campo Subyacente, que conforma el medio a través del cual se imparten las órdenes del Software Maestro, tal y como ocurre con los incipientes mundos de Realidad Virtual diseñados por los ingenieros informáticos. Las unidades dentro del sistema, animadas e inanimadas, no son independientes sino que están todas conectadas entre sí dentro de un “mar de luz coherente” que lleva en sí mismo la información codificada del Programador, formando parte ellas a su vez de dicho mar de luz, diferenciándose entre sí debido a campos de energía superpuestos vibrando a determinadas frecuencias (como si fueran “grumos” dentro del campo subyacente). Lo más sorprendente es que han podido descubrir que la Conciencia juega un rol fundamental en el funcionamiento de este sistema, pues es la que materializa las ondas que vibran en forma virtual, otorgándole un derrotero al Universo que funciona así en base al libre albedrío.

Con ello tomaría sentido también el llamado “Principio Antrópico” el que, debido a la exactitud y delicado equilibrio que muestran las leyes universales para permitir la aparición de la Vida, se plantea con fuerza en Cosmología por influyentes científicos: “Si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia dichas condiciones se verifican ya que nosotros existimos”, o en otras palabras: “El Universo fue hecho así para que podamos observarlo”.

NOTA 4: Al respecto, Hubert Reeves, Doctor en Astrofísica de la Universidad de Cornell y Profesor de Cosmología en la Universidad de París y en la Universidad de Montreal, hablando de la teoría del Big Bang hace notar la extraña complicidad de las leyes del Cosmos con la eclosión de la Vida en el Universo, de la siguiente manera: “Las fuerzas físicas, regidas por leyes precisas y universales son los elementos organizadores de un universo primordial, caótico, informe y sin organización. La historia del universo es la del crecimiento de la complejidad a escala cósmica. Estas leyes poseen propiedades notables. Nos parecen ‘cuidadosamente ajustadas’ para promover la complejidad. Bastarían variaciones ínfimas de los valores numéricos que las especifican para tornar estéril el universo. Jamás habría surgido entonces ninguna forma de vida, ninguna estructura compleja, ni siquiere una molécula de azúcar o un átomo de carbono… Las leyes poseían, desde los primeros tiempos, la capacidad de engendrar la complejidad, la vida y la conciencia. Sin esa ‘sintonía fina’ de sus propiedades, nada de esto habría sido posible. Un universo regido por leyes, digamos ‘cualesquiera’, no engendra observador alguno.” (Hubert Reeves, Ultimas Noticias del Cosmos, Hacia el Primer Segundo. Editorial Andrés Bello Santiago de Chile. Edición año 1996). (Fin de la NOTA 4).

Las posibilidades de explotación de este campo son múltiples y espectaculares, y podrían ser una realidad dentro de veinte años, catapultando al mundo hacia una nueva era: ilimitada fuente de energía tomada directamente del “vacío”, viajes interestelares más rápidos que la luz al expandir el campo detrás de la nave y contraerlo delante de ella, anulación de la gravedad al modificar la inercia que es uno de los comportamientos particulares del CPC, la curación de enfermedades en base a emisiones de ondas a determinadas frecuencias, comunicación telepática controlada, etc, etc..

“El último siglo fue la era atómica y este podría acabar siendo la era punto-cero.” —Hal Puthoff

NOTA 5: Hal Puthoff, Doctor en Ingenieria Electrónica de la Universidad de Stanford y experto en tecnología láser, ha sido el principal impulsor en las investigaciones actuales del Campo Punto Cero desde que tuvo acceso a los informes del físico Timothy Boyer de la City University de Nueva York, en los que éste demostraba que combinando la mecánica clásica con la energía incesante de dicho campo se podían explicar muchos de los extraños fenómenos atribuidos a la teoría cuántica, postulando con ello que era posible explicar todo lo que ocurre en el mundo cuántico mediante la física clásica si se tiene en cuenta el Campo Punto Cero. Hal demostraría finalmente, en un documento publicado por una de las publicaciones más prestigiosas de Física, que el estado estable de la materia depende para su existencia de este intercambio dinámico de partículas subatómicas con el campo de energía punto cero sustentador (H. Puthoff, “Ground State of Hydrogen as a zero-point-fluctuation-determined state”, Phisical Review D. 1987, 35: 3.266-3.270). Una nueva generación de científicos destacados y vanguardistas le está siguiendo en su línea de investigación, con sorprendentes resultados, prometiendo llevar al mundo a una nueva era científica y filosófica, tal cómo postula visionariamente Hal Puthoff. Para profundizar en este tema, recomendamos al lector el libro “El Campo” de la autora Lynne McTaggart (2º edición octubre 2007, Editorial Sirio S.A.)





Al permitir demostrar que todo el Universo está íntimamente conectado entre sí, y que su derrotero está marcado por las manifestaciones de la Conciencia, el Campo Punto Cero vendría también a explicar contundentemente el poder de la mente sobre la materia y por ende la realidad de la ya famosa Ley de la Atracción, mediante la cual atraemos hacia nosotros lo que se nos asemeja, permitiéndonos ser los arquitectos de nuestro propio destino.

Y quizás lo más relevante de este descubrimiento es que permitiría cambiar de raíz el paradigma que caracterizó al siglo XX respecto de la existencia de Dios, ya que al tener los mismos lineamientos que los que siguen balbuceantemente los científicos e ingenieros informáticos en sus investigaciones sobre Realidad Virtual e Inteligencia Artificial, se puede inferir con propiedad que la del Campo Punto Cero y la de los otros campos a él superpuestos es a todas luces una codificación inteligente de increíble complejidad y cargada de intencionalidad, que permite descartar las casualidades estadísticas de los evolucionistas y hablar más bien de “causalidad”, de la obra de una Mente Diseñadora que había sido ignorada hasta ahora por la soberbia humana.

Fusión de Ciencia y Religión: El Campo Unificado

“La Ciencia sin Religión está coja, y la Religión sin Ciencia está ciega.” —Albert Einstein


Sabemos que al final de su vida Einstein buscaba afanosamente el método físico-matemático que le permitiera llegar a la formulación de su ya casi mítica “Teoría del Campo Unificado”, en la que postulaba que todas las leyes de la naturaleza podrían derivarse de un concepto único, globalizador, que podría expresarse probablemente en una fórmula similar a su famosa ecuación e = m.c². No llegó a terminarla pues lo sorprendió antes la muerte, pero iba bien encaminado al menos en el concepto teórico, matizado por su convicción profunda que la ciencia se emparentaba con la religión.

Lo demuestra desde un comienzo en su artículo de 1911 sobre la Teoría de la Relatividad General, donde publicó una ecuación que se considera el corazón de su teoría, y que al revés de la ecuación anterior, no ha sido suficientemente divulgada al gran público seguramente por su complejidad. Se la conoce como Ecuación de Einstein, y en ella relaciona matemáticamente los cuatro componentes básicos del Universo, es decir Energía, Materia, Espacio y Tiempo. En dicha expresión, el lado izquierdo describe la geometría del espacio-tiempo, y el lado derecho representa la distribución de materia y energía:



Con esta expresión es posible, dado un cuerpo con cierta forma y velocidad, y calculada su distribución de masa y energía, determinar enteramente la estructura del espacio-tiempo curvo. “Este procedimiento es extremadamente complicado, porque la ecuación de Eisntein, que en realidad es un conjunto de diez ecuaciones, es imposible de resolver exactamente excepto en algunos casos particulares”. (Hacyan Shahen, Los Hoyos Negros y La Curvatura del Espacio-Tiempo. La Ciencia desde México, 1995, Fondo de Cultura Económica. Págs. 38-39).

Al respecto, es ilustrativo lo mencionado por el Dr. Eliyahu Rips, científico matemático de prestigio mundial y descubridor de un misterioso código de salto en la Toráh o Pentateuco (es decir, en los cinco primeros libros del Antiguo Testamento) que revelaría los sucesos futuros: “Actualmente un gran sector de la Humanidad considera la Biblia como algo folklórico, de contenido mítico, mientras que sólo la ciencia ofrece una lectura aceptable de la realidad. Otros aseguran que la Biblia, en tanto palabra divina, ha de ser cierta, y por consiguiente la que se equivoca es la ciencia. A mi entender, cuando completemos nuestra comprensión de ambas, ciencia y religión se fundirán en una y por fin tendremos una teoría unificada completa.”

Por su parte, el periodista Michael Drosnin, autor del best seller “El Código Secreto de la Biblia” en el que divulga los trabajos del Dr. Ripps, dice haber consultado en el código bíblico acerca de la teoría de la relatividad de Einstein, y aquél le habría mostrado junto al nombre del científico la siguiente frase: “añadir una quinta parte”, lo cual según según Drosnin “parece indicar que no encontraremos la respuesta que buscaba Einstein en nuestro espacio de tres dimensiones ni al añadir la cuarta dimensión temporal, sino una quinta dimensión cuya existencia ningún físico cuántico pone hoy en entredicho”.

Acota Rips: “En los textos religiosos más antiguos también se menciona una quinta dimensión. La llaman ‘profundidad del bien y del mal’” (El Código Secreto de la Biblia, págs. 30 y 49).

Por lo tanto, si lográramos identificar qué es esta quinta dimensión estaríamos en la posición correcta para encaminarnos hacia la teoría unificada postulada por Einstein, la que debería explicar las leyes universales fusionando Ciencia y Religión.

Siguiendo esta línea de pensamiento, tal vez encontremos en la misma Biblia la explicación, cuando ésta revela la reflexión de los Creadores Iniciales al momento de la caída del Hombre en el Edén: “El hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal” (Génesis cap.1, vers.22) y cuando a través del profeta Isaías anuncia: “Yo soy Yavé, y no hay otro igual; yo enciendo la luz y creo las tinieblas, yo hago la felicidad y provoco la desgracia, yo Yavé, soy el que hace todo esto.” (Isaías cap.45, vers.7. La Biblia Latinoamérica, Edición Pastoral). Según la Biblia, el Creador mismo constituiría aquella quinta dimensión, la “profundidad del bien y del mal”, y la Ciencia por lo tanto adquirirá su verdadero sentido y orientación para nosotros cuando logremos comprender tanto la real existencia del Uno como su accionar en el Universo y en la historia humana.

Es decir, si internalizamos por fin que el Universo (y por extensión lógica la Vida) es un gigantesco software diseñado por la Mente del Creador, manifestado como ya vimos en campos energéticos interactuando ordenada e inteligentemente, y no un conglomerado de materia y energía que fue evolucionando por casualidades estadísticas, recién estaremos en posición de comprender cómo operan las leyes universales… y nos posicionaremos en la senda correcta para llegar a descubrir la expresión físico-matemático-informática de la Teoría del Campo Unificado: El Programa Primigenio de Dios, la perfecta simbiosis de Ciencia y Religión.


CONCLUSIONES


En resumen y por todo lo anteriormente expuesto, es perfectamente posible e incluso más razonable —dada la evidente existencia de estos “softwares primordiales”— una intervención inteligente en la creación del Universo y de la Vida, en vez de que éstos se hayan formado por azar o por mero accidente.

Incluso, hasta es perfectamente posible para una Inteligencia tal, que sus softwares primordiales estuviesen diseñados para responder a la orden de su voz, como ocurre hoy en día con algunos equipos y programas informáticos incipientes, que poseen dispositivos de reconocimiento del habla . Entonces no sería ya tan absurdo y fantástico lo que la Biblia afirma: “Por la palabra de Dios fueron hechos los cielos; y todo el ejército de ellos, por el aliento de su boca… porque él dijo y fue hecho, él mandó y existió.” (Salmo 33, vers.6 y 9).

En esta nueva visión cosmológica hasta el aparente azar estaría regido por leyes inteligentemente programadas. Si hay alguna factibilidad de un acto creador y un total control posterior sobre él, va probablemente por este camino.

Por lo tanto, con las evidencias acumuladas a lo largo de esta presentación, podemos inferir perfectamente que Dios existe y que es el responsable de nuestra existencia.

Ahora, ¿por qué pareciera tan lejano a nuestras vidas cotidianas? Tal vez el hecho que no lo veamos personalmente se debe a esas razones que Él mismo se ha encargado de explicarnos a través de los libros sagrados, y que tienen directa relación con la pugna entre el bien y el mal que se libra en la Tierra con nosotros como medios de prueba.

No obstante nos habría dejado manifestaciones contundentes de su existencia y de su accionar: Su superinteligencia en el comportamiento codificado de la energía de la que formamos parte, su interés directo por nosotros en la sorprendente máquina de comunicación en tiempo real (hecha de letras codificadas) que es la Escritura, su carácter en el de Jesucristo y en de los santos que siguieron su ejemplo de vida: “Quien me ha visto a mi ha visto al Padre”, etc.

Lo conoceremos por fin cuando todo se haya consumado y la Tierra junto con la Humanidad se halle libre de la Anomalía que la mantiene en cuarentena obligada: “Ahora vemos oscuramente, como por espejo, pero entonces veremos cara a cara, y le conoceré a Él como Él me conoce a mi”, escribió inspiradamente el apóstol Pablo.

El caso del Cabo Valdés....CHILE

Eran las 20:40 horas y en los pasillos de Televisión Nacional de Chile (TVN) todo era expectación. Es que dentro de unos minutos se produciría un acontecimiento considerado por muchos como histórico y el más esperado de los últimos tiempos. Después de 22 años de silencio, Armando Valdés Garrido, el mítico cabo Valdés rompería su silencio y entregaría datos desconocidos de su abducción ocurrida el 25 de abril de 1977 en Pampa Lluscuma, en pleno desierto de la Primera Región de Chile. Valdés viajó a Santiago desde la ciudad de Coihaique, junto a toda su familia. Sólo cinco días antes había presentado su renuncia al Ejército. Ahora comienza para él una nueva vida cargada de entrevistas, invitaciones y un nuevo acoso de los ufólogos. Es el precio que deberá pagar por ser uno de los abducidos más famosos del mundo.

LA ENTREVISTA



Ante las cámaras de TVN y las preguntas de Pedro Carcuro, Valdés explicó por qué, después de 22 años, en los que fue acosado por investigadores y periodistas de todo el mundo, decidió contar su experiencia y dejar el Ejército. “El dejar la institución fue una decisión difícil que me costó mucho, pero pienso que en beneficio de un mensaje que tengo, de algo que estoy trabajando, era tiempo de que tomara esta decisión. Insisto, una decisión muy difícil.” ¿Y por qué rompe el silencio en este momento? Porque según Valdés, “es el momento. Es el año del fin de milenio. Pudiera ocurrir algo grande y creo que ésa es mi decisión”.

Más adelante el ex suboficial corroboró lo dicho por los hombres que en 1977 estaban a su cargo y explicó, ayudado de un mapa, todo lo ocurrido aquel día. “El servicio nuestro se origina en esta pesebrera en donde hay alrededor de mil caballos. Era un ganado que era utilizado para fines militares. Yo me ocupo de ellos, prendo fuego, de hecho son 20 grados bajo cero todos los días del año, por lo que es imposible guarecerse bajo techo. A las cuatro de la madrugada, estábamos reunidos y el tema de esa noche era la pregunta del soldado conscripto, es decir ¿cuándo me voy a ir? ¿cuándo me voy a licenciar? Así que estábamos hablando de estas cosas y cantando. Había puesto dos hombres a 20 metros… no los podía poner más lejos porque la distancia en la noche no permitía verlos porque la noche aunque estaba estrellada estaba muy oscura. No los veía pero los llamaba y ellos me contestaban. Si me contestaban diferente era señal de que algo había pasado. Estábamos en esto cuando siento el grito de Pedro Rosales y él me dice: mi cabo viene bajando una luz. Yo le ordeno a mis hombres reordenarse y salgo afuera pero mi primera mirada fue hacia el camino de Putre que está en subida, pensando que venía algún vehículo, a vigilarnos, a controlarnos. Pero me dice no arriba y mi mirada se dirige al camino internacional que va hacia Bolivia. Cuando me acerco al soldado yo le digo: no veo nada, y él me dice es una estrella que viene bajando. Ahí me acerco y veo un objeto luminoso en velocidad, y le digo que es imposible que sea una estrella, que es un aerolito que se viene bajando y que se va a desintegrar en cualquier momento. Ya mis hombres salen todos a mirar, pero este objeto se pierde detrás de un cerro y queda mucha luz que salía detrás de los cerros. Eso me indicó inmediatamente que al otro lado había algo posado.”

AEROLITO



Efectivamente, la primera impresión del cabo Valdés al ver la luz, fue que se trataba de un aerolito desintegrándose en la atmósfera. “Dije voy a ver el aerolito, voy a sacar un pedacito y lo voy a guardar. Yo pensaba, van a llegar los científicos, la gente… pero cuando estábamos en eso, un segundo hombre me grita, mi cabo acá y aparece un segundo objeto. Los soldados me dicen que bajó, pero cuando yo lo vi ya estaba allí. Entonces eran dos objetos. El primero que llega, y el segundo que se posa frente a nosotros”, relata Valdés.

-¿Y ahí fue usted a encontrarse con ese OVNI?

-”No, cuando quisimos movernos esta luminosidad, estos 25 metros de diámetros, este objeto agranda su luminosidad y se avecina sobre nosotros. 500 metros a la redonda, se ilumina y nosotros podíamos ver todos los accidentes geográficos del camino, hasta un palo en el camino se veía, lo que es imposible.”


LA ABDUCCIÓN


Más tarde en el programa se mostró el testimonio de dos de los soldados de las patrullas, que relatan el momento en que Valdés es tragado por la luz. Muy emocionado Valdés continúa con su relato. “Es interesante aclarar que aquí ocurren una serie de detalles que no han sido comentados por mis hombres, lo que nunca he olvidado es que ellos dicen que nos tomamos de las manos y rezamos, es que en un momento dado, como jefe de la patrulla entendí que lo que yo tenía enfrente era algo con inteligencia. Pero yo le pregunto a mi gente, qué es lo que están viendo, y ellos me corroboran lo que estábamos viendo”, afirma Valdés.

-¿Usted parte al encuentro de la nave?

-”No, yo estoy tomado del brazo con ellos, llorando algunos, rezando el ave María otros. Y yo siento que tengo que hacer algo porque teníamos un objeto delante que nos estaba asustando, que nos transmite miedo y que nos tiene a todos apabullados. Yo avanzo y grito en nombre de Dios identifiquensen quiénes son, aún haciendo el ridículo, porque yo sabía que lo que estaba delante era algo extraño.”

-Sus compañeros lo ven desaparecer ¿Qué siente usted don Armando?

-”Realmente es muy difícil. Son 22 años de silencio, de buscar en mi interior, buscar en estudios, en noches enteras buscando la respuesta a este fenómeno, pero en el tiempo que me ocurre esto hay un momento de sueño, de inactividad.”

-Pero ¿usted siente que traspasaba el umbral en ese momento?

-”Por eso cuando hablan ahora de abducción, de levantada… yo siento que paso… que paso el portal.”

-¿Cuánto tiempo estuvo en la nave espacial?

-”Si es que estuve, fueron 15 minutos para los soldados.” Cabe destacar que cuando el cabo Valdés es abducido y traspasa ese umbral no presentaba bello facial y cuándo es encontrado tiene una barba ya crecida, lo que hace sospechar en la pérdida de tiempo, un tiempo faltante como en la mayoría de los casos.

-Usted traspasa el umbral ¿Qué ve, qué siente?

-”Siento una risa tipo burla. Lo que yo quiero dar a entender que en esa cosa que yo tenía enfrente, tenía una inteligencia sub humana. Una inteligencia no humana, de otra parte, Extraterrestre.”

-¿Vio alguna imagen o ser?

-”Estoy trabajando en regresión hipnótica, porque quiero ser muy responsable en confirmar, porque yo recibí ciertas cosas telepáticas, pero tengo que tener la certeza de que lo que yo vi es real. He ido recordando día a día.”

-¿Había contacto a través de palabras?

-”No, todo era telepático.”

-Todo ese tiempo ¿usted está viendo a sus hombres?

-”En todo momento yo veía a mis hombres. Por eso insisto en haber pasado una barrera, es decir ubicarme en un lugar y estar viendo siempre a mis hombres.”

-¿Y sus compañeros permanecían inmóviles o gritaban? ¿Trataban de acercarse a usted?

-”Ellos gritaban y trataban de ir hacia la luz”

EL MENSAJE


Sin duda, uno de los momentos más impactantes fue cuando Valdés se refirió al mensaje que habría recibido de los supuestos seres extraterrestres. Pese a que no revela su contenido, argumentando que tiene que realizar un trabajo de hipnosis, el ex suboficial asegura que se trata de algo muy importante para la humanidad e incluso no descartó una invasión extraterrestre.

-”Sí, hay un mensaje. Siempre me pregunte los motivos de esto. Tengo muy claro, bajo el orden universal, bajo la mano poderosa del creador, que todas las cosas no ocurren porque sí. Yo siempre supe que lo que me ocurrió el 25 de abril de 1977 a las cuatro de la madrugada debería tener una motivación que no podía ser algo al azar. La percepción que yo tuve no es buena. Si estos seres fueran buenos yo no tendría que haber sentido pánico, angustia, sobrecogimiento y todo lo que vino después.”

-¿Tiene miedo por el futuro de la humanidad entonces?

-”Correcto. Tengo muy claro lo que va a ocurrir a futuro.”

-¿Tiene miedo de una invasión extraterrestre?

-”Estoy trabajando en eso para poder entregar el mensaje. Pudiera ser.”